Desde la Parroquia Santa Marta de Pitalito, el presbítero Diego lideró la solemne eucaristía que marca el inicio de la Semana Mayor este 2026. Durante su homilía, el sacerdote invitó a la comunidad laboyana a reflexionar sobre el profundo contraste litúrgico de esta fecha especial. Pasamos rápidamente de aclamar a Jesús con ramos de victoria a escuchar el relato de su pasión.

Este cambio drástico, según el párroco, no es solo una historia antigua, sino un espejo de nuestra propia realidad humana actual. Muchas veces aclamamos al Señor como nuestro Rey, pero poco después lo crucificamos con acciones que contradicen nuestra fe profesada. El padre Diego enfatizó que nuestras vidas reflejan frecuentemente esa misma inconstancia que mostraron los habitantes de Jerusalén hace siglos. 🪞

La imagen del siervo de Dios presentada por Isaías nos muestra a un Cristo que no responde con violencia ante los insultos. Jesús permanece firme y confía plenamente en su Padre, dándonos un ejemplo de fidelidad absoluta en medio del dolor más profundo. Esta enseñanza es vital para los cristianos que enfrentan hoy dificultades económicas, enfermedades o injusticias sociales en nuestro municipio.

El corazón del misterio cristiano reside en el despojo de la condición divina para hacerse servidor de todos hasta la muerte. San Pablo nos recuerda que el camino de Jesús es la humildad y el abajamiento voluntario por amor a la humanidad entera. No se aferró a su poder, sino que aceptó la cruz como la mayor muestra de entrega y fidelidad.

El evangelio de San Mateo nos permitió contemplar el drama de la traición, el abandono de los discípulos y la negación. A pesar de la injusticia del juicio y la burla de las autoridades, Jesús acogió el silencio de la muerte por nosotros. La cruz no es un fracaso ni una derrota, sino el triunfo del amor extremo sobre el pecado humano.

El presbítero cuestionó si somos discípulos que permanecen fieles o si huimos cuando llegan los problemas difíciles a nuestra vida. Instó a los fieles a no ser cristianos de solo palabras, sino de decisiones concretas que reflejen un compromiso real. Revisar nuestra fe implica estar dispuestos a cargar la propia cruz junto al Salvador en cada momento de nuestra existencia.

Jesús entró en Jerusalén sabiendo perfectamente lo que le esperaba porque nos ama y desea salvarnos desde dentro del dolor. No quiso redimirnos desde la distancia del cielo, sino asumiendo nuestra fragilidad humana para darnos esperanza verdadera hoy. Por ello, esta semana no debemos ser simples espectadores de tradiciones antiguas, sino verdaderos seguidores que caminan con el Maestro herido.

Finalmente, el llamado fue a no ser cristianos de ocasión o de tradiciones vacías que solo aparecen en momentos de concurrencia. Debemos unir nuestros sufrimientos a la pasión de Cristo, confiando siempre en la luz de la resurrección que llegará el próximo domingo. Que María Santísima nos enseñe a permanecer firmes al pie de la cruz cuando todo parezca estar muy oscuro.




